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Mostrando entradas de junio, 2026

CUADERNO DEL JARDINERO Para cuidar un jardín, por Eduardo Barba

Para cuidar un jardín hay ciertas cualidades indispensables. No son tan distintas a las que hay que dedicar a cualquier ser vivo, o quizás a la vida misma. Una de estas cualidades ha de ser, por imperativo, la constancia. Un jardín es una de las creaciones humanas más frágiles que existen, porque en cuanto desaparecen los cuidados, la naturaleza se encarga de asilvestrarlo todo en muy poco tiempo. Ante el olvido, en el jardín va a actuar la ley del más fuerte, como no podía ser de otra forma. Aquellas especies más vigorosas serán las que sobrevivirán a la falta de atención. El resto se verá fagocitada por esas plantas y por el paso de los meses, en cuanto la persona encargada de domar lo salvaje desaparezca de allí. Aunque la belleza de un jardín abandonado, del que ya solo queden unas pocas trazas de lo que fue, no deja de tener un punto romántico.

Mis secuoyas

Una noticia estupenda: El otro día te comenté que tenía una secuoyita en una maceta y la perdí, se me quemó, se me estropeó, se me fastidió por culpa de que le eché unas bolitas marrones de productos químicos para de abono. Y bueno, y se me echó a perder. Y hoy estaba regando la secuoya que tengo en tierra y he observado que al lado de la secuoya, que te me dirá 10, 20 cm máximo, me ha crecido una secuoyita, un hijo. Eso supongo que debe de ser de la raíz de la secuoya principal, ¿no? Me ha dado un montón de alegría y me gustaría saber para el futuro, para de aquí a un mes, dos, tres o un año, saber si de esa secuoyita la podré trasplantar hacia otro sitio o hacia otra maceta, etc.  Sí, es muy probable que sea un brote de raíz (también conocido como hijuelo o retoño) . Las secuoyas tienen la capacidad de emitir brotes de raíz cuando sufren algún tipo de estrés o simplemente como parte de su mecanismo de supervivencia y expansión. El momento del trasplante: El mejor momento para se...

Begonia de Toni

El reflejo verde: cuando ordenar el jardín es ordenar el alma

 Ahora después de dos años viviendo en esta casa, estoy empezando a sentir que mi espíritu y el jardín se encuentran en sintonía. Existe una idea muy poética que dice que espíritu y jardín caminan siempre en sintonía. Bajo este prisma, contemplamos la naturaleza como un bálsamo: cuidar de las plantas, regar con mimo o sentir la tierra bajo los dedos se convierte en una terapia que nutre el alma, reduce el estrés y nos enseña a fluir con la paciencia de las estaciones. Es el entorno verde el que, con su calma, repara nuestro interior. Sin embargo, al pararnos a observar nuestras propias acciones, surge una pregunta inevitable: ¿no será en realidad al revés? A menudo, la necesidad imperiosa de ordenar nuestro espacio exterior nace de una urgencia ineludible por encontrar paz en la propia cabeza. Cuando la mente está sobrecargada, atravesando una etapa de incertidumbre o envuelta en un ruido constante, la vida se vuelve demasiado abstracta e incontrolable. Es en ese preciso instante c...

Mi gata Lia bajo elmanzano

 

Primer calabacín de la temporada

De nuestro huerto🪏🫜 por supuesto 

El prado

Desde mi ventana, dos iluminaciones, dos colores. En primer lugar el almendro

La convivencia en la maceta: Un diálogo entre el sol de Cádiz y la sabiduría de Galicia

Pinus pinea Este pino es, en esencia, un árbol que nos conecta con el sol. A diferencia de otros pinos que buscan el bosque cerrado, el piñonero prefiere los espacios abiertos y la luz directa. Es un superviviente nato, capaz de crecer en suelos arenosos donde otros flaquearían. Históricamente, el piñón ha sido un alimento sagrado y energético. Ese pequeño fruto, protegido por su dura cáscara, es una metáfora perfecta de cómo la esencia de la vida guarda su mayor valor en un envoltorio resistente. Es un árbol que enseña sobre la proyección: no crece deprisa, pero sus cimientos son para décadas. Laurus nobilis: símbolo de la sabiduría El pequeño laurel es, en realidad, un heredero de la antigua Grecia y Roma. Ese crecimiento lento del que hablas es lo que le permite desarrollar una madera densa y aromática. Es un arbusto estoico. Tolera bien la poda, lo que explica por qué se usa tanto en jardinería, pero en libertad puede llegar a ser un árbol de gran porte. La nota espiritual : Tradic...

Begonia elatior (también conocida como Begonia hiemalis).

Este tipo es muy popular para interiores o lugares resguardados —como ese alféizar de tu cuarto de aseo— precisamente por su espectacular floración, que suele ser muy generosa y duradera. Las variedades que tienes, con esos tonos rojos intensos y blancos, son un clásico que aporta mucha vida a cualquier rincón, especialmente con esas vistas tan verdes que tienes desde tu casa en Pontecaldelas. Son plantas que, con los cuidados que seguro les brindas en tu jardín, lucen de maravilla.

Begonia maculata

Sus hojas, lanceoladas y de un verde profundo que casi roza la oscuridad, se encuentran salpicadas de ese característico moteado plateado —el "polka dot"— que parece imitar un cielo estrellado sobre la tierra. Pero es su envés, de un rojo púrpura vibrante, el que nos recuerda que la vida siempre guarda un revés sorprendente, una profundidad oculta a la vista del paseante apresurado. Más allá de su porte elegante, esta begonia —popularmente conocida como "alas de ángel"— simboliza para mí la lealtad y la gratitud. En muchas tradiciones, su presencia en el hogar es un sutil recordatorio de la renovación constante: el ciclo ininterrumpido de crecimiento que, como bien sé tras horas de cuidado cotidiano, requiere tanto de la paciencia del jardinero como de una luz generosa, pero nunca directa ni hiriente. Es, en esencia, una maestra de la adaptabilidad y el equilibrio.

Secuoyita en maceta

La secuoya es un coloso que encierra la historia en sus anillos. Tener una, ya sea contemplando el horizonte desde tu jardín o acompañándote en la serenidad de una maceta, es un privilegio que exige compromiso. En tierra, la secuoya busca libertad. Necesita espacio para que sus raíces se expandan y un suelo profundo, rico y capaz de mantener la humedad sin encharcarse. El sol es su alimento, pero agradece la luz tamizada. En maceta, el desafío es mayor: es un ejercicio de contención. El riego debe ser constante pero preciso; el sustrato, aireado y bien drenado, es su único sustento. Trasplantar cada dos años y un abonado orgánico suave serán las claves para que no se detenga su pulso vital. Más allá de la técnica, cultivar una secuoya es un acto espiritual. Es plantar una promesa, un diálogo entre nuestra brevedad humana y la paciencia infinita de este gigante. Cuídala, obsérvala y deja que su nobleza transforme tu rincón de paz.

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