Para cuidar un jardín hay ciertas cualidades indispensables. No son tan distintas a las que hay que dedicar a cualquier ser vivo, o quizás a la vida misma. Una de estas cualidades ha de ser, por imperativo, la constancia. Un jardín es una de las creaciones humanas más frágiles que existen, porque en cuanto desaparecen los cuidados, la naturaleza se encarga de asilvestrarlo todo en muy poco tiempo. Ante el olvido, en el jardín va a actuar la ley del más fuerte, como no podía ser de otra forma. Aquellas especies más vigorosas serán las que sobrevivirán a la falta de atención. El resto se verá fagocitada por esas plantas y por el paso de los meses, en cuanto la persona encargada de domar lo salvaje desaparezca de allí. Aunque la belleza de un jardín abandonado, del que ya solo queden unas pocas trazas de lo que fue, no deja de tener un punto romántico.
Un diario visual de mi jardín. Documentando la belleza efímera y la arquitectura viva de mis flores.