Para cuidar un jardín hay ciertas cualidades indispensables. No son tan distintas a las que hay que dedicar a cualquier ser vivo, o quizás a la vida misma. Una de estas cualidades ha de ser, por imperativo, la constancia. Un jardín es una de las creaciones humanas más frágiles que existen, porque en cuanto desaparecen los cuidados, la naturaleza se encarga de asilvestrarlo todo en muy poco tiempo. Ante el olvido, en el jardín va a actuar la ley del más fuerte, como no podía ser de otra forma. Aquellas especies más vigorosas serán las que sobrevivirán a la falta de atención. El resto se verá fagocitada por esas plantas y por el paso de los meses, en cuanto la persona encargada de domar lo salvaje desaparezca de allí. Aunque la belleza de un jardín abandonado, del que ya solo queden unas pocas trazas de lo que fue, no deja de tener un punto romántico.

Pinus pinea Este pino es, en esencia, un árbol que nos conecta con el sol. A diferencia de otros pinos que buscan el bosque cerrado, el piñonero prefiere los espacios abiertos y la luz directa. Es un superviviente nato, capaz de crecer en suelos arenosos donde otros flaquearían. Históricamente, el piñón ha sido un alimento sagrado y energético. Ese pequeño fruto, protegido por su dura cáscara, es una metáfora perfecta de cómo la esencia de la vida guarda su mayor valor en un envoltorio resistente. Es un árbol que enseña sobre la proyección: no crece deprisa, pero sus cimientos son para décadas. Laurus nobilis: símbolo de la sabiduría El pequeño laurel es, en realidad, un heredero de la antigua Grecia y Roma. Ese crecimiento lento del que hablas es lo que le permite desarrollar una madera densa y aromática. Es un arbusto estoico. Tolera bien la poda, lo que explica por qué se usa tanto en jardinería, pero en libertad puede llegar a ser un árbol de gran porte. La nota espiritual : Tradic...
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